Monday, May 20, 2013

Viaje en el tiempo

¿Y si me atreviera a pensar por una vez todo lo que quise olvidar?

Me sentaba cada lunes en aquella silla pesada frente al escritorio de cristal. Me hacía preguntas pero ¿Cómo contarle el vacío que sentía en mí? Ese letargo continuo; soledad, tristeza y aburrimiento mezclados en una adolescente demasiado inmadura cuya vida le sabía a poco. Necesitaba acción, drama, no me conformaba con disfrutar los detalles de la vida: necesitaba sufrir. Y, aunque lo suelo relacionar o justificar con las circunstancias, lo cierto es que yo sola lo busqué.

Sólo buscaba formas de retarme, de sentirme viva, de oír la alarma de mi consciencia en una monótona y recta vida en la que todo lo que hacía siempre era como tenía que ser: ni mal, ni tampoco demasiado perfecto. Ocho años con la mismísima media en clase, mismas amistades, ni una bronca en casa ni en clase... pero tampoco nada en lo que sobresaliese o que me apasionara, nadie en quien confiar, absoluta soledad en casa.

Y supongo que exploté, aunque sin ruido. El caos vino después, poco a poco.

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