Hay días en los que duermo abrazada a un cojín; una forma de abrazarme a mí misma y no sentirme sola, de recordarme que la lucha marcha a mi favor, de darme ánimos.
Hay días que me siento débil y mi optimismo se esfuma, pero me abrazo bien a mi cojín, debajo de mi edredón, y por la mañana vuelvo a ser feliz.
(Me encantan las pinturas de Mark Rydenl)


