Os voy a contar, amigos y amigas, la historia de mis calcetines grises. O de mi estupidez, todo sirve.
No recuerdo cuándo los compré, pero lo hice; porque los calcetines grises no crecen en los armarios como las pavias y gnomos.
Durante un tiempo los llevé como cualquier persona normal, o eso creo. Yo era feliz, tenía unos calcetines grises que quedaban como el culo con cualquier zapatilla pero ¿Y qué? Cosas peores he llegado a llevar.
Los calcetines se iban haciendo viejos y un día, cuando me los puse, vi que su pequeño tomate se había convertido en un señor agujero. Me los quité y los eché al montón de a ropa sucia para que, cuando la llevase a lavar, tirarlos a la basura. Claro, que soy una chica un poquito despistada y olvidadiza y los eché a lavar. Luego los tendí, doblé y recogí como cualquier otro par de calcetines, porque claro, el hecho de no tener más calcetines grises no me hizo darme cuenta de que no debían estar ahí.
Días más tarde, abrí el cajón, saqué los calcetines y me los puse. Al ponérmelos me di cuenta de mi error y los volví a echar a la ropa sucia para tirarlos. Y aquí comienza un círculo vicioso que lleva en marcha casi un año.
Sigo sin tener más calcetines grises pero aún no los reconozco mientras tiendo. Sigo sin tirarlos directamente a la basura y sin acordarme de que están con la ropa sucia. Y el agujero cada vez es más grande en cada calcetín, casi parecen calentadores.
Lo peor es que me los he traído a Polonia y me da vergüenza tirarlos a la basura aquí, así que volverán con la ropa sucia. Algún día los tiraré, tengo esperanza.
Pd: Está escrito desde el móvil, disculpen los fallos y, señorita pagueti, disculpe que sea sin justificar, bloggermóvil no deja.
Pd2: Me encanta escribir cosas tan profundas.
Disculpas aceptadas, porque también he sentido esa frustración y porque la historia me ha conmovido.
ReplyDelete¿Quién sabe? Quizá algún día te veas en un caso de necesidad extrema y tus calcetines grises estén ahí para salvarte...