Sunday, February 19, 2012

Torres de colores.


Cuando éramos pequeños, siempre que íbamos a la piscina de Rignac hacíamos torres de banquetas después de bañarnos. A mí me encantaba esa piscina porque tenía muchas sillas y banquetas de diferentes colores y, con el tiempo, aprendí a aplicar los colores en las torres. Que si todas azules, que si cada fila de un color... una diversión.
En realidad esa piscina me gustaba por muchas cosas; no solo tenía sillas de colores, sino que también había calabazas enormes, vendían helados raros y los alrededores eran muy muy verdes.
Pero como por aquella zona el clima hace lo que le da la gana, había veranos que no nos quitábamos el jersey y el abrigo en los 15 días que estábamos allá y la piscina, ni verla. Y entre veranos fríos y otras cosas, crecí, reformaron la piscina y quitaron las calabazas. Menos mal que las sillas siguen ahí y, a veces, aún hago alguna que otra torre para recordar viejos tiempos.

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