Otro año más que ha pasado Pineta y de nuevo esa sensación de vacío al despertar el día 16 y estar en una cama en mitad de la ciudad en vez de envuelta en un saco en la naturaleza y con dolores por todo de dormir apretadas en un colchón deshinchado.
No tengo palabras para describir lo que siento durante esos quince días en los que siempre tengo una sonrisa de oreja a oreja alimentada por poder respirar el olor de la montaña, vivir sin prisas y por un grupo de personas que aunque cada uno es muy distinto al resto, forman una gran familia.
Pasados unos días hasta te acostumbras a los mosquitos (Grandes protagonistas en las conversaciones paneteras) y te resulta difícil enfadarte y casi imposible seguir enfadado al día siguiente.
La única hora que te importa es la que te indica la campana, cuyo sonido te despierta cada mañana mientras piensas “Hoy me quedo durmiendo”… pero al final siempre te levantas a desayunar, aunque sea pan duro, porque quieres aprovechar el día y exprimir cada minuto. Terminas el desayuno y cada día es distinto al anterior, porque un día son talleres y otros jugar a las cartas, comer pipas y comentar tooodo lo que hay que hacer (limpiar, lipdub, madrugar a correr…).
Es increíble lo rápido que pasan quince días estando rodeada de amigos tan geniales, gente que te alegra cada momento, que se sienta a tu lado a observar las preciosas noches estrelladas y te hace reír.
Quizá a veces da pereza preparar las veladas, pero en cuanto nos ponemos nos ilusionamos como niños y cruzamos los dedos para que salga bien y a todos les guste. Por no hablar de montar las tiendas; deberíamos añadir a nuestros curriculums que somos ingenieros de tiendas de campaña. Y ya puestos añadimos que nos hemos bañado en un río de agua glaciar, que para algo servirá.
El caso es que lo hacemos en Pineta no lo hacemos en ningún sitio más, o por lo menos no tan a gusto… todos hemos tenido muchas experiencias y hemos llegado a la conclusión de que del 1 al 15 de agosto en Pineta se está mejor, (Y porque no hemos probado otras fechas). Así que, por muchos años que pasen, Pineta ya es parte de mí.
¿Sabes qué? Que esos 15 días sin ti no serían iguales, y Pineta puede ser parte de ti, pero tú también eres parte de Pineta. Y tú eres parte (y muy importante) de esa magia que hace que no importe dormir en un colchón deshinchado, que sea imposible borrarse la sonrisa de la boca (menos cuando hablas de planes psicopáticos, que entonces, pché...)o que tengamos ideas absurdas con las que rellenar los ratos de la velada. ♥
ReplyDeletePD: La selección fotográfica de este año es bien.